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Escribe bien y no mires a quien

 

Para quien todavía no se haya enterado trabajo como locutora; cada día tengo historias que podría contar en este blog del tipo: ¿cómo elaborar un presupuesto para que sea aceptado? o ¿qué significa cuando un cliente te pide una locución dinámica?. Pero quiero centrarme en otro gran dilema que atormenta a muchas locutoras y locutores: ¿qué hacer cuando un cliente envía textos mal redactados? Para responder a la pregunta y según mi criterio, utilizaré como ejemplo lo que me sucedió hace un par de años con un cliente esporádico (que encima no me pagó).

 

Llegó a mi correo el texto para un vídeo corporativo que casi se me atasca en la impresora. Había errores para todos los gustos: en el número, en la ortografía, en la gramática, había cambios de sujeto y por supuesto carecía de ritmo; ¡un primor!. No pretendo ponerme de erudita ni muchísimo menos, lo que sucede es que si tienes que locutar un texto escrito con los puños es muy difícil hacerlo y por supuesto, el resultado será de una calidad pésima. Este insulto al buen gusto hizo que me planteara si aquello perjudicaba a mi trabajo, si dañaba la profesión de locutora o menospreciaba la labor de quien había realizado el vídeo (porque una vez montado con ese potaje de palabras las imágenes perderían valor). Por otra parte y aquí viene la idea enfrentada, mi trabajo como locutora consiste en interpretar con la voz, no en valorar el trabajo de terceras personas.

 

¿Me estaba entrometiendo o excediendo en mis responsabilidades?

 

No. No y punto. No había por dónde coger aquello. Prometo que si hubiera leído una vez más ese tropiezo de letras un académico de la RAE habría muerto, y si me hubiera atrevido a grabarlo todos los académicos habrían sido sustituidos por monos con garrapatas. No podía dedicarme a matar a señores rancios así que mi cabeza me planteó dos opciones (a veces mi cabeza va unos pasos por delante de mí):

 

– grabarlo tal cual y desear morir por la vergüenza una vez lo enviara porque mi responsabilidad me impedía salir airosa del mal que se cernía sobre la comunidad lingüística,

 

– o pedir al cliente que lo corrigiera, con la mayor delicadeza que soy capaz de derrochar (una alcachofa es más delicada que yo)

 

Dos opciones y las dos implicaban un desafío, conmigo misma o con quien había confiado en mí para este proyecto: mi cliente.

 

Opté por la segunda.


Haciendo gala de la suavidad con la que soy capaz de expresarme cuando el momento lo requiere redacté un mail en que exponía la dificultad para locutar el guión y ofrecía dos soluciones: la primera, que lo escribieran correctamente y la segunda, ser yo misma quien lo modificara (porque otra de mis facetas es la de escribir textos para vídeos corporativos).

La respuesta no tardó en llegar: ¡un nuevo escrito! Probablemente estaría adaptado para ser locutado, con frases más breves que en el texto original, y tal vez hasta habrían corregido los saltos del apelativo “tú” a “usted”. ¡Qué ganas tenía de leer y estudiar bien el nuevo escrito, marcarlo y lanzarme a grabar!

Cuando lo abrí, las letras se descolgaban del documento en un intento por salvar su reputación. Tocaba grabarlo tal cual estaba. Un poquito mejor que la primera vez, pero terrible en cualquier caso.

Ni ética ni nada, ya me había sobrepasado al decir  a mi cliente que había fallos así que ahora mi cabeza me recomendaba que me pusiera a grabar, que los trabajos no vienen solos. Un texto que carecía de criterio. Y lo grabé todo lo bien que fui capaz.

Hay muchísimas personas que no repasan lo que escriben y no se dan cuenta de que la labor de una locutora es interpretar exactamente lo que pone en el papel; mi conclusión fue que no puedo grabar algo que resulta incómodo de leer porque perjudico a mi profesión y a mi propio currículum. Cuando me vuelva a encontrar con una palabrería sin sentido procuraré ser más delicada todavía y explicar por qué es difícil llevar a cabo tal proyecto para que la persona no se sienta atacada (si es que es lo que sucedió con el cliente fugitivo). Eso y procurar escribir lo mejor posible para predicar con el ejemplo.

 


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Respeto interprofesional audiovisual

¡Qué peligrosa la moda “low cost” en un vídeo! Algunas personas que se dedican al vídeo profesional y ofrecen sus servicios como realizadoras de vídeos para empresas (del tipo que sea) cuidan cada detalle de su grabación, pero la postproducción se la pasan por el arco del triunfo. Es una cuestión de rentabilidad: si la cliente paga 100 y con lloros, no le vamos a dedicar muchas horas a su encargo. Y aquí entramos las locutoras; poner una locución profesional en un vídeo es sinónimo de aumentar los costes o renunciar a una parte de los beneficios, según se plantee. Un buen vídeo es el resultado de un conjunto de trabajos individuales y cada uno de ellos suma o resta según sea su calidad; lo mismo sucede con la voz en off. Si la grabación de las imágenes tiene una calidad impresionante (con las limitaciones de un presupuesto ridículo) pero el montaje es un corta y pega sin cuidado y la propia realizadora graba la voz con el micrófono de su cámara, el vídeo final será una patata.

En la universidad me enseñaron los grados de respeto que hay cuando se realiza un vídeo y su nombre; del más bajo al más alto:
– Coliflor: mala calidad técnica y artística en todas sus fases.
– Patata: se descuida por completo alguna parte fundamental del proyecto, por ejemplo: el texto, la voz y la calidad de la grabación de ésta.
– Buena: buenas profesionales hacen bien su trabajo desde el principio.

Mi crítica va dirigida a quienes por falta de recursos y por querer obtener más beneficios llevan a cabo una parte del trabajo que no saben hacer. ¡Si no puedes pagar a una locutora y alguien que te haga el texto, haz un vídeo sin voz en off! Tu falta de respeto hacia mi gremio va en detrimento de la calidad final de tu trabajo y de cómo se percibe el mío porque habrá quien copie tu ilícita práctica viendo que es normal, y así se extenderá la no contratación de locutoras y/o escritoras de texto para vídeos. Bueno, cada vez más, porque ya está sucediendo.

Invito a todas las productoras de vídeo y similares que descuidan la parte que me correspondería a mí o a una compañera, a explicar de dónde viene ese rencor por nuestro trabajo, porque escribir un texto sin tener en cuenta las inflexiones o el vocabulario, y grabarlo sin saber locutar, en mi pueblo, es destripar mi trabajo.

Hala, a comentar.

locutora que se siente estafada

P.D. utilizo la negrita para que el dios Google posicione mejor el artículo.
P.D. 2 no he puesto ningún ejemplo para no crearme enemigas.

Una gran mentira

Una gran mentira que algunas personas creerán. No es posible sencillamente porque no existe. Claro que esto lo piensa alguien que sabe lejanamente en qué consiste el asunto; una señora que ni sabe encender un ordenador (por poner un ejemplo muy cercano a la realidad) probablemente sentirá confort por la acción y se alegrará de que esos terribles piratas informáticos ya no tengan quien dirija sus operaciones: La policía desarticula la cúpula de Anonymous en España reza el titular del diario digital 20minutos en la edición del 10 de junio de 2011. No existe cúpula porque es un grupo de personas sin jerarquía; no hay una organización piramidal. No existe la cúpula y por lo tanto, la noticia es falsa. Lo más probable es que la policía haya detenido a gente vinculada directamente con el movimiento Anonymous y con el objetivo de engrandecer su acción, han ofrecido ese comunicado. Pero somos muchas las personas a quienes no nos engañan: Anonymous somos todos.

 

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