Archivos diarios: 23/04/2012

Escribe bien y no mires a quien

 

Para quien todavía no se haya enterado trabajo como locutora; cada día tengo historias que podría contar en este blog del tipo: ¿cómo elaborar un presupuesto para que sea aceptado? o ¿qué significa cuando un cliente te pide una locución dinámica?. Pero quiero centrarme en otro gran dilema que atormenta a muchas locutoras y locutores: ¿qué hacer cuando un cliente envía textos mal redactados? Para responder a la pregunta y según mi criterio, utilizaré como ejemplo lo que me sucedió hace un par de años con un cliente esporádico (que encima no me pagó).

 

Llegó a mi correo el texto para un vídeo corporativo que casi se me atasca en la impresora. Había errores para todos los gustos: en el número, en la ortografía, en la gramática, había cambios de sujeto y por supuesto carecía de ritmo; ¡un primor!. No pretendo ponerme de erudita ni muchísimo menos, lo que sucede es que si tienes que locutar un texto escrito con los puños es muy difícil hacerlo y por supuesto, el resultado será de una calidad pésima. Este insulto al buen gusto hizo que me planteara si aquello perjudicaba a mi trabajo, si dañaba la profesión de locutora o menospreciaba la labor de quien había realizado el vídeo (porque una vez montado con ese potaje de palabras las imágenes perderían valor). Por otra parte y aquí viene la idea enfrentada, mi trabajo como locutora consiste en interpretar con la voz, no en valorar el trabajo de terceras personas.

 

¿Me estaba entrometiendo o excediendo en mis responsabilidades?

 

No. No y punto. No había por dónde coger aquello. Prometo que si hubiera leído una vez más ese tropiezo de letras un académico de la RAE habría muerto, y si me hubiera atrevido a grabarlo todos los académicos habrían sido sustituidos por monos con garrapatas. No podía dedicarme a matar a señores rancios así que mi cabeza me planteó dos opciones (a veces mi cabeza va unos pasos por delante de mí):

 

– grabarlo tal cual y desear morir por la vergüenza una vez lo enviara porque mi responsabilidad me impedía salir airosa del mal que se cernía sobre la comunidad lingüística,

 

– o pedir al cliente que lo corrigiera, con la mayor delicadeza que soy capaz de derrochar (una alcachofa es más delicada que yo)

 

Dos opciones y las dos implicaban un desafío, conmigo misma o con quien había confiado en mí para este proyecto: mi cliente.

 

Opté por la segunda.


Haciendo gala de la suavidad con la que soy capaz de expresarme cuando el momento lo requiere redacté un mail en que exponía la dificultad para locutar el guión y ofrecía dos soluciones: la primera, que lo escribieran correctamente y la segunda, ser yo misma quien lo modificara (porque otra de mis facetas es la de escribir textos para vídeos corporativos).

La respuesta no tardó en llegar: ¡un nuevo escrito! Probablemente estaría adaptado para ser locutado, con frases más breves que en el texto original, y tal vez hasta habrían corregido los saltos del apelativo “tú” a “usted”. ¡Qué ganas tenía de leer y estudiar bien el nuevo escrito, marcarlo y lanzarme a grabar!

Cuando lo abrí, las letras se descolgaban del documento en un intento por salvar su reputación. Tocaba grabarlo tal cual estaba. Un poquito mejor que la primera vez, pero terrible en cualquier caso.

Ni ética ni nada, ya me había sobrepasado al decir  a mi cliente que había fallos así que ahora mi cabeza me recomendaba que me pusiera a grabar, que los trabajos no vienen solos. Un texto que carecía de criterio. Y lo grabé todo lo bien que fui capaz.

Hay muchísimas personas que no repasan lo que escriben y no se dan cuenta de que la labor de una locutora es interpretar exactamente lo que pone en el papel; mi conclusión fue que no puedo grabar algo que resulta incómodo de leer porque perjudico a mi profesión y a mi propio currículum. Cuando me vuelva a encontrar con una palabrería sin sentido procuraré ser más delicada todavía y explicar por qué es difícil llevar a cabo tal proyecto para que la persona no se sienta atacada (si es que es lo que sucedió con el cliente fugitivo). Eso y procurar escribir lo mejor posible para predicar con el ejemplo.